En 1934 se construyó la capilla de Parpa, Socotá, siendo esta la primera Capilla Evangélica construida en Boyacá. Esta construcción estuvo dirigida por don José Antonio Ayala Vega, uno de los primeros creyentes. Se utilizaron como materiales adobe y teja de barro cocido. Todos los recursos los aportó la iglesia local que dirigía don Alcibíades Leal.
Con mucho regocijo se inauguró y se dedicó esta capilla a la Gloria de Dios y la extensión del Evangelio en aquella bella región de la patria.
En 1.950, esta capilla fue destruída por fanáticos anti-protestantes. Con la destrucción de la capilla, la casa pastoral y las casas de don Alcibíades Leal y Sixto Porras, vino un período de persecución que hizo difícil desarrollar la obra en este lugar; pero los hermanos continuaron reuniendose en forma clandestina para adorar a Dios y fortalecer su fe cristiana con la Palabra de Dios y la oración.
El primero de Junio de 1.939, la familia Ostrem llego a Socha, donde fijó su residencia. Desde allí atendieron la obra recibida de los presbiterianos en Parpa, extendiéndose a otras veredas como Mausa, donde se convirtieron al Señor las familias Montoya, Acevedo y Olivos, inicialmente.
En Junio de 1.940, el Rev. Gerardo Ostrem empezó en Socha un Instituto Bíblico para varones con el estudiante Juan Nelson Montoya Olivos, procedente de Mausa, Socotá. Sus padres quienes fueron miembros de la Iglesia Luterana de Parpa, fundaron la congregación de Mausa y Frailejonal.
En 1.948, fue nombrado don Gerardo Wilches como evangelista en la Congregación de Parpa. Al siguiente año fue reemplazado en este trabajo por don Pausanias Wilches. Ambos evangelistas, oriundos de la Congregación de Santa Ana, El Espino, Boyacá, sirvieron con sus familias a la Congregación de Parpa en un tiempo de violencia política, religiosa y dificultades económicas.
Cabe mencionar que de 1.948 a 1.950 realizaron actividades, por temporadas, en esta congregación las siguientes misioneras: Helena Danielson, Joyce Bergh, Elizabeth Heerde y Valborg Torkelson.
El 29 Enero de 1.951, el Rev. Morck escribió a la Congregación de Socotá, una de sus cartas pastorales con todo el sentimiento y el dolor del corazón de un pastor que ve a sus ovejas sufriendo la persecución y la tortura. Les alienta con las palabras del Apóstol San Pablo a los Romanos 8:31-39 donde dice:“Si Dios es por nosotros, ¿Quién podrá contra nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿Tribulación o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro o espada?” Ni la misma muerte. Les recuerda aquellas horas maravillosas en que juntos estudiaban la Palabra de Dios, compartían sus bendiciones y les anima a permanecer firmes en la verdadera fe.
Con el cambio de Gobierno nacional, en 1.953, fue posible reanudar los cultos en las casas de los creyentes y poner otra vez a funcionar la escuela de Parpa. En esta oportunidad la congregación estuvo pastoreada por el señor Octavio López Cifuentes y se inició la construcción de una nueva capilla en Parpa (Cimarrona) con recursos de la iglesia local.
Del informe del Rev. Morck al Consejo Administrativo Provisional (CAP) del año 1.955, se pudo extractar lo siguiente: “En Parpa, el testimonio de la fe se concretó también en términos de piedra, cemento y trabajo, en la construcción paulatina del nuevo templo”.